Contaminación acústica en Concepción
Según la legislación nacional, las municipalidades son los organismos que tienen la facultad para regular, por medio de ordenanzas, los ruidos molestos producidos en la respectiva comuna. Con el objetivo de proteger a sus habitantes de la contaminación acústica, los municipios pueden elaborar estas normativas de acuerdo a la realidad comunal, incluyendo todo tipo de ruidos, desde los que producen desde las casas o el comercio, hasta llegar a las actividades públicas y privadas.
En los últimos días la temática de los ruidos molestos en Concepción ha sido abordada desde el testimonio de vecinos, así como también desde algunas de las autoridades comunales. Una carta enviada a este medio reveló la situación de una vecina del sector Tribunales, en pleno centro penquista, que enumeraba la compleja situación de ruidos que enfrentaba en forma cotidiana y que la habían hecho decidir mudarse del sector.
Dentro de las situaciones más molestas se enumeraban el constante sonido de bocinas o las voces u músicca amplificadas por parlantes, que resuenan de forma constante durante gran parte de la jornada.
Lo planteado hace unos días por en una carta a Diario El Sur no es nuevo ni tampoco sorpresivo. El nivel de ruido del centro de la capital regional es evidente y se advierte con solo transitar por algunos sectores de la ciudad. Tal como señalaba la autora de la misiva, el uso de parlantes es permanente, no sólo por parte del comercio ilegal, sino también de algunos locales del rubro establecido, además de personas que predican o cantan desde distintos lugares sin ninguna supervisión y, en la mayor parte de los casos, tampoco sin los permisos respectivos.
Es importante recordar que, además, una medida destinada a la prevención de delitos también ha incrementado el nivel de ruidos, ya que se llama a través de altavoces a cuidar las pertenencias o evitar conductas de riesgo, un ingrediente más de la contaminación acústica penquista y que sería bueno evaluar, sobre todo desde el punto de vista de la eficacia que demuestre en la entrega del mensaje a los transeúntes. Es válido preguntarse si en medio del ruido que hay en la vía pública realmente es escuchada por quienes caminan en el sector o simplementeel mensaje queda invalidado por el exceso de sonidos.
Es de sentido común entender que jamás una ciudad con alta actividad llegará a bajos niveles de ruido, pero también es importante reconocer cuando se están sobrepasando los límites y afectando la calidad de vida. La ley indica que el ruido máximo para las zonas residenciales es de 55 decibeles en horario de 7 a 21 horas -que equivale al ruido que produce el aire acondicionado de ventana, por ejemplo-, y de 45 de 21 a 7 horas, es decir, como una calle con poco tráfico. Según se ejemplifica, hay qeu tener como parámetro que una conversación normal tiene en promedio 60 decibeles, una aspiradora produce 70 decibeles; una motocicleta entre 100 y 110 y una discoteca 120 decibeles.
De esta forma, se puede comprender que una comunidad afectada por contaminación acústica requiere protección desde el punto de vista de la salud pública. Los ruidos molestos afectan a quienes habitan una ciudad, ya sea en su lugar de trabajo, de estudio o en su hogar, incluso en sus momentos de descanso o esparcimiento.
Actualmente está vigen la ordenanza medioambiental de Concepción, donde se prohibe generar ruidos, cualquiera sea su origen, cuando por razones de hora o lugar, duración o grado de intensidad, sea distinguible y perturbe la tranquilidad de la comunidad. En el mismo documento se determina también que está estrictamente prohibido el uso de parlantes a nivel comunal, los espectáculos o manifestaciones sin autorización municipal y el uso de amplificación o instrumentos en espacios públicos. La buena noticia es que la norma existe y que solo se requiere fiscalizarla.
Es de sentido común entender que jamás una ciudad con alta actividad llegará a bajos niveles de ruido, pero también es importante reconocer cuando se están sobrepasando los límites y afectando la calidad de vida.