Cómo combatir el estrés para alcanzar una salud laboral más óptima
Tanto las empresas como los trabajadores afrontan desafíos para alcanzar este objetivo. Un equipo afiatado es una tarea de las organizaciones, mientras que el conocer los límites y hacer pausas en las jornadas es responsabilidad de los funcionarios.
Garantizar la salud universal es la meta número uno de la Organización Mundial de la Salud. Según su declaración de principios, la clave para lograrlo es garantizar que todos puedan obtener la atención que necesitan, cuando la necesitan. Aunque el mundo avanza hacia allá, millones de personas todavía no tienen acceso a la atención médica. En este contexto, surge la pregunta: ¿Qué pueden hacer las empresas y los trabajadores para mejorar la salud en el ambiente laboral?
La respuesta inmediata sería decir que ambos pueden hacer muchas cosas. Sin embargo, en una sociedad que reconoce vivir estresada, la respuesta es más compleja. La forma de vida, los aspectos culturales y las condiciones sociales y económicas inciden de manera directa sobre la salud de las personas. Y como las empresas forman parte de este sistema, también se ven afectadas.
La ecuación es simple. Empresas sanas promueven ambientes sanos y se traduce en trabajadores saludables. Eso deriva en una mayor productividad. Pero lograrlo requiere tomar medidas porque se trata de ese tipo de condiciones ideales que no se dan naturalmente.
EL DESAFÍO DE LAS EMPRESAS
Las empresas deben entender e incorporar una cosa. Las personas son el corazón de sus negocios. Y la cultura es el motor que conduce a los trabajadores al compromiso y la productividad. Estimular la participación, reconocer los logros individuales y de equipo, establecer reglas claras y transparentes, escuchar y hacer a los trabajadores parte de las decisiones, son medidas que generan sentimiento de pertenencia y deseo de ser parte de una empresa.
Tener un equipo formado por profesionales competentes y que saben trabajar en equipo es una tarea clave para que se produzca un buen ambiente laboral. Eso además se traduce en una sinergia que afecta positivamente la predisposición, el desempeño y el compromiso con la empresa.
A su vez, no hay que temer dejar ir a aquellos que contaminan el ambiente. En un equipo, quienes no reman para el mismo lado costarán muy caro, por lo que lo mejor es deshacerse de ellos.
Aunque parezca trivial, la comunicación en el trabajo es un factor muy potente que debe ser abordado con mucha seriedad. Trabajadores, gerentes, directores, clientes, todos comunican algo. Y hacer con que todos se comuniquen en un "mismo idioma" es clave para el éxito. A nivel interno y externo, todos deben manejar los objetivos de la empresa, los que se les encomienda a cada persona y equipo, lo que se debe transmitir y lo que hay que recoger de los clientes.
La comunicación está siempre presente y hay que hacerse cargo de ella. Evitar los dobles discursos, establecer pautas claras, saber dar órdenes e instrucciones, pero también saber reconocer y valorar el trabajo del equipo e individual.
Un alto y eficiente nivel de comunicación laboral redunda en equipos entusiasmados, innovadores y comprometidos con los desafíos de una manera positiva.
La persona trabajólica es una figura tentadora para las empresas. Contar con alguien conectado las 24 horas, siempre ligado a sus temas laborales puede considerarse como un excelente trabajador para la empresa. Pero cuidado, los tiempos libres de los equipos deben ser manejados con responsabilidad. Al final del día, son seres humanos, tienen familia, amigos e intereses personales.
EL DESAFÍO DE LOS TRABAJADORES
Crear y mantener la salud en el trabajo también es responsabilidad de los trabajadores. En esta relación, todos deben aportar para llegar a contar con un ambiente laboral saludable. Y además de poner en práctica los esfuerzos que hace la empresa en esta materia, los trabajadores deben adoptar hábitos saludables en el trabajo.
La inmediatez que basa la forma de vida de la actualidad tiene beneficios, pero también supone riesgos que pueden afectar la salud. La presión a la que estamos sometidos laboralmente, con plazos y cumplimiento de metas por ejemplo, requiere cuidado y manejo especiales, ya que es muy difícil lograr erradicar este tipo de situaciones del trabajo.
La organización y planificación de las tareas es un tema que cada trabajador debe incorporar a su rutina, estableciendo una forma de trabajo que priorice lo urgente sin dejar de lado las demás tareas que se le asignan. Trabajar con tiempo y siguiendo un esquema pensado, no hará desaparecer la presión, pero dejará un margen menor para que el estrés controle el ambiente laboral y se convierta en un problema de salud.
Hacer pausas breves durante el día y hablar con compañeros sobre algo distinto al trabajo, aprovechar el tiempo libre para practicar deportes, pasar tiempo con la familia o dedicarle algunas horas a un hobby, son prácticas que también ayudan a lograr un equilibrio saludable.
Si las horas de trabajo no son suficientes para cumplir con las obligaciones, es necesario revisar si la carga de trabajo es muy grande o se está manejando mal el tiempo. Ocasionalmente, no es malo llevar trabajo de la oficina a la casa. Lo que no puede suceder es que se convierta en una práctica frecuente.
En el mundo digital de hoy, muchos asumen que los trabajadores deben estar disponibles las 24 horas. Ese es un error y es necesario fijar un punto de desconexión de la relación con el ambiente laboral. Más que mostrar equipos de trabajo súper conectados, la costumbre de mandar correos electrónicos, mensajes por WhatsApp y las llamadas fuera del horario de oficina revelan una práctica que podría catalogarse como abusiva.
Lejos de quejarse, si existe un problema hay que solucionarlo en equipo. Si hay una situación que genera estrés, pasará poco tiempo para que se convierta en un conflicto que acarreará una baja en la motivación, rendimiento y compromiso de un trabajador. Por lo tanto, una buena práctica es crear un plan efectivo para manejar los factores estresantes que se hayan identificado y trabajar para reducir ese nivel de tensión.
Generar un ambiente sano al interior de las empresas puede parecer un tema simple, pero muchas veces se queda apenas en declaraciones de principios. Hay muchos esfuerzos que se están haciendo para revertir esa realidad y está surgiendo una cultura que pone en valor buenas prácticas, tanto de las empresas como de los trabajadores.